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Works by Dragonboy and Desirée Isphording.
Black Smoke of St. Peter’s Square
El dragón de fuego
El dragón de fuego quiere cambiar Rosas y jazmines
Mynahs at dusk
Punk sly, the crowd is still a line outside, queued up and stuck staring at itself like a snake eyeing its tale. Even the doorway is horny. She likes that one’s silver paint job: all head and skateboard, his muscle shimmering in the hairless wind. Inside there are booths, a stage, people – or are those props? Uncoated and cramped, all the nobles in the land walk-strut-dance the open envelope of room, graze each other lightly with braver hands than faces. A kiss smells cotton tastes onion feels rubber. Three mouths later, her lipstick is the smear of a brochure sunset, her feather mask the casting sun.
In a park that will eventually be named for a poet who is currently missing, the majority of hands are busy practicing avoidance of genitals and other accessories. Notice the general quiet of evening, during which couples in required cloth husks are forbidden to display certain labial gestures, including but not limited to, celebratory slobber on or around the face.
Works by Megan Bachant and Amanda Kiefer.
Las serpientes de Axel Asher Benatar Retrocedió para apreciarla mejor. Semanas y semanas retocándola por sectores, agregando a la armadura pequeñas mujeres crueles y desnudas, dando forma a monstruos metidos en la piel de otros monstruos más protagonistas, enriqueciendo la textura del laberinto de dragones que partía del yelmo. Tuvo ganas de pintar algunas venas en el caballo rampante pero desistió, se sintió fatigado, necesitaba darla por terminada, salir de ese universo que llenaba el cuadro y llenaba su sueño. Como otras veces, recurrió a la firma, la forma en que se obligaba a finalizar una pintura. Axel, así, sin apellido. Algo más tranquilo, recurrió a su entrañable vodka pero advirtió que ya no quedaba una gota. Buscó en el armario y encontró una vieja botella de licor de huevo que alguien había olvidado. Bebió pero al instante sintió arcadas. Pensó en Guido. Si él quisiera atenderlo, si aceptara recorrer el breve trecho que separaba a los dos estudios y advirtiera que de su vieja influencia de viejo maestro ya no quedaba la menor de las viejas pinceladas. Porque la prueba estaba ahí, en el trazo, en la textura, en los colores oscuros, tanto que obligaban a que sus últimas telas tuvieran una luz muy intensa para poder ser apreciadas. Salió al pasillo. Hacía frío, pero no lo sintió. Se decidió a golpear a la puerta. Por suerte atendió Guido, al que ya no quedaba la menor posibilidad de eludirlo. Seco, distante. Axel decidió contarle sus logros: que sus pinturas no mostraban la menor influencia de quien le había enseñado todo, que por fin era él, él solo, él sin Guido, que con desgano dejó de lado el desprecio con que había golpeado a Axel en los últimos meses y recorrió los fríos pasillos de esa antigua fábrica que ahora, reformada, reunía a decenas de pintores. Benévolo, trató de que el encuentro no fuera tenso y dedicó algunos elogios a los muebles antiguos que su ex alumno había incorporado. Axel casi no hizo caso. No eran los muebles lo que le interesaba. Lo importante estaba a los costados del estudio, las telas, ubicadas contra fondos adecuados, con lámparas que las iluminaban a pleno, todo como si Axel hubiera decidido vestirlas para una fiesta.
Works by Alice and Navid Sanati.
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